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La Voz Dormida

Ella

<em>Ella</em> Ella miraba el cristal de la ventana. No miraba la calle, ni a la gente que pasaba distraída. Se miraba a ella misma, si reflejo en el cristal. Veía como caía un mechón de pelo sobre su frente, casi escondiendo sus ojos aun húmedos.
Aun no sabía como había acabado así, llorando. Entonces se levantó de donde estaba, se miro en el espejo y se arreglo un poco el pelo con los dedos y se encamino hacia la calle.

Iba sin ningún destino marcado, tan solo quería salir a la calle y andar. Andar y desprenderse de la angustia que le acompañaba hacia días, la que sentía en aquellos momentos en los que se sentía sola e insignificante en este mundo que nos impide mostrarnos tal cual somos.
Caminaba por calles que no conocía, giraba las esquinas sin mirar siquiera a las personas que pasaban por su lado, ajena a sus voces y a sus caras. Era una persona más en esa masa humana que se mueve por las calles. Seguía caminando, despacio, escogiendo las calles casi al azar.

Hacia más de media hora que había salido de casa, entonces miro al frente y encontró un pequeño parque. Decidió pararse y sentarse en uno de los bancos. Una vez allí cerró los ojos y se limito a escuchar el viento.
Entonces se levanto y decidió que era el momento de buscar el camino y volver a casa.
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