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La Voz Dormida

Calle Melancolia

Calle Melancolia Como quien viaja a lomos de una yegua sombría
voy yo por el desierto de tu espalda
Por la ciudad camino, no preguntes adónde,
yo solo se que busco el oasis de tu boca,
busco acaso un encuentro que me ilumine el día
con la luz que desprenden tus ojos al verme junto a ti
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
que me cierran el camino en tu pecho.

Las chimeneas vierten su vómito de humo
mientras veo cómo te fumas ese ultimo cigarrillo
a un cielo cada vez más lejano y más alto,
que empieza en tu boca hasta llegar al techo de mi habitacion,
por las paredes ocres se desparrama el zumo
que no quisiste anoche probar de mis labios
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
en los que solo quedó la herida.

Ya el campo estará verde, debe ser primavera,
Y sin darme cuenta, pasé el invierno bajo tus sábanas,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el que me recuerda todos los momentos pasados junto a tí,
el barrio donde habito no es ninguna pradera
y compruebo que ya no estas aquí
desolado paisaje de antenas y de cables.
es lo que todo parece si no estás conmigo.

Vivo en el número 7, calle Melancolía,
donde tu olvido me arrinconó sin tan siquiera preguntar,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría
y mi amor no puede contra el muro de tu incomprensión
pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía,
y algun otro alma solitaria llegó en el hasta tí,
en la escalera me siento a silbar mi melodía.
esa que me recuerda cada tarde que pasé contigo.

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
ando yo por tus piernas en la penumbra
que viene de la noche y va a ninguna parte,
porque el sol me delatará,
así mis pies descienden la cuesta del olvido
resignados
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
y sin poder celebrar el coronamiento de tu rodilla.

Luego de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
imitando tu manera de fumar,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama,
ése que te dejaste a medias sobre mi cama,
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
que amenazan con llevarse tus fotos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
aspirando el olor impregnado en las sábanas.

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
como cuando subía desde tus manos hasta tu barbilla
que no encuentra ventana donde agarrarse.
ni labios que besar.
Soy esa absurda epidemia que sufren las aceras,
que con gran trauma esperan que vuelvas a pasar,
si quieres encontrarme ya sabes dónde estoy...
allí donde me dejaste y de donde no me moveré...

Vivo en el número 7, calle Melancolía,
donde tu olvido me arrinconó sin tan siquiera preguntar,
quiero mudarme hace años al barrio de la alegría
y mi amor no puede contra el muro de tu incomprensión
pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía,
y algun otro alma solitaria llegó en el hasta tí,
en la escalera me siento a silbar mi melodía.
esa que me recuerda cada tarde que pasé contigo.
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